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¿Acabará la carne cultivada sustituyendo a la carne de verdad?

¿Acabará la carne cultivada sustituyendo a la carne de verdad?

Una conocida cadena de supermercados ha lanzado recientemente una agresiva campaña para ampliar su oferta de carne que no es carne. En este caso, de carne elaborada con ingredientes vegetales. Una campaña que nace como respuesta a la “revolución veggie”, que ha supuesto un gran auge de los alimentos veganos. De hecho, el 20% de las familias españolas compraron algún producto de este tipo en 2019.

Pero, además de aquellas que no comen carne porque son vegetarianas o veganas, encontramos aquellos que reducen o quieren reducir el consumo de carne roja porque piensan que es más saludable, pero también porque se preocupan por el planeta y por el impacto que la producción del ganado vacuno tiene sobre el medio ambiente. En este sentido, existe otro tipo de carne, la carne cultivada, que del mismo modo que las variantes vegetarianas y veganas empieza a hacerse un hueco en el mercado.

La carne cultivada es aquella que se produce en un laboratorio a partir de la carne “convencional”, pero a través de técnicas “no convencionales”. Las células se extraen de los animales y son cultivadas y diferenciadas utilizando un sistema de crecimiento. Se ha demostrado que este tipo de carne produce menos gases de efecto invernadero, es menos intensiva en el uso de la tierra, ofrece potencial para una fuerte seguridad alimentaria y la opción de apostar por una producción localizada. Aunque también hay que reconocer que la tecnología es intensiva en energía y existen preocupaciones éticas persistentes relacionadas con la utilización de determinadas técnicas de crecimiento.

La cuestión es que, en los últimos tiempos, se ha debatido mucho sobre la tecnología que se utiliza y sobre si este tipo de alimento terminará imponiéndose al original. Pero sin entrar en afirmaciones rotundas, lo cierto es que actualmente hay potencial para que tanto la carne de laboratorio como la carne vegetal continúen creciendo. Todavía existe margen para una demanda constante de ambas sin que necesariamente una termine sustituyendo a la otra, ya que las dos ofrecen alternativas que, actualmente, buscan los consumidores.

Los fuertes atributos medioambientales de las dos opciones, el hecho de que se espera que los dos tipos de carne alcancen la paridad de precios respecto a la carne convencional, la diversidad en las opiniones de los consumidores y un mercado más segmentado son los elementos que impulsarán estos productos.

La tecnología de la carne cultivada todavía no está aprobada por los reguladores, aunque hay muchas organizaciones gubernamentales que apuestan por el concepto de producción de carne in vitro debido a sus atributos sociales y ambientales positivos. La cuestión es que, hasta la fecha, este “nuevo alimento” únicamente ha logrado hacerse con la aprobación reglamentaria en Singapur.

A finales del año 2020, Singapur se convirtió en el primer país del mundo en aprobar la comercialización de los nuggets de pollo elaborados con carne cultivada, saliendo al mercado a un precio de unos 23 dólares por caja, un precio más elevado que el de los nuggets convencionales. No obstante, se espera que la siguiente producción sea más barata, ya que el plazo también se verá reducido.

Además, se espera que otros países sigan la estela de Singapur. Probablemente, Estados Unidos, los países de Europa Occidental y otros países parecidos verán lo que Singapur ha hecho y lo tomarán como plantilla para crear su propio marco legislativo.

En marzo de 2019, el Departamento de Agricultura y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) anunciaron que regularán de manera conjunta esta nueva categoría de carne cultivada en Estados Unidos. El pacto describe las responsabilidades y las funciones de supervisión de las dos agencias y cómo colaborarán para regular el desarrollo y la entrada de estos productos en el mercado comercial. En los países europeos, las carnes cultivadas tendráin que ser aprobadas dentro de la Regulación de Nuevos Alimentos (Novel Foods Regulation) y todo apunta a que este proceso durará entre 18 y 24 meses.

 

 

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