¿Es peor un producto congelado que uno fresco?

¿Es peor un producto congelado que uno fresco?

Aunque muchas personas siguen pensando que los alimentos congelados son peor que los frescos, lo cierto es que se trata de uno de los mitos más extendidos en nuestra sociedad. El consumidor cree que el alimento fresco tiene muchos más beneficios para la salud que el congelado, pero la realidad es que el congelado es una magnífica manera de conservar productos sin aditivos de ningún tipo.

Todos conocemos los beneficios de comprar alimentos frescos: frutas y verduras frescas y de temporada; pescados que parecen aletear en la pescadería, con su carne firme, sus agallas rojas y los ojos brillantes... recién llegados de la lonja; o carne de un rojo brillante. Los productos frescos son la forma más sana de alimentarse, ya que conservan todas sus propiedades intactas sin haber sido manipulados ni procesados.

En cambio, la congelación siempre ha tenido muy mala fama, lo cual es injusto. Al contrario de lo que muchas personas creen, los alimentos congelados no tienen por qué ser peores que los frescos. De hecho, en muchos casos, los productos que encontramos en el congelador del supermercado pueden llegar a ser más nutritivos que los alimentos frescos.

La congelación es la forma más natural que existe de conservar un alimento saludable, permitiéndonos guardarlo en su momento óptimo, justo después de su cosecha o de su fabricación, en lugar de dejarlo en la nevera para que se vaya deteriorando. Pudiendo hacerlo tanto con la carne como con el pescado y con las verduras.

Así pues, los alimentos que son congelados inmediatamente después de ser recogidos o elaborados mantienen su frescura, su valor nutricional y su sabor en perfectas condiciones. A veces incluso pueden llegar a contener más minerales y vitaminas que las verduras que llegan a nuestra casa mucho tiempo después de haber sido cosechados o fabricados, ya que han pasado unos días en los almacenes y en las cámaras de los supermercados.

La principal diferencia entre los alimentos frescos y los productos congelados radica en que los segundos han pasado por un proceso de congelación industrial en el que la temperatura baja rápidamente para alargar su vida útil sin que esto afecte de forma negativa a sus propiedades organolépticas, es decir, a su sabor, su textura o su olor.

Obviamente, siempre defenderemos los alimentos frescos, sobre todo si son de temporada y de proximidad, pero es que las cosas no siempre son blancas o negras, sino que podemos encontrarnos con una amplia gama de grises. Lo ideal sería salir cada mañana a nuestro huerto y recoger lo que necesitemos para cocinarlo inmediatamente, pero en la sociedad actual esto es imposible. Vivimos en ciudades y estamos sometidos a un ritmo de vida frenético que apenas nos deja tiempo para regresar a casa del trabajo y preparar una cena rápida. Por eso, muchas veces terminamos cocinando algo sencillo y sin complicaciones. Por no decir que muchas veces tiramos de congelador con algo ya preparado.

De hecho, cada año la compra de productos congelados va en aumento. Tanto por la comodidad que supone como porque la mayor parte de las veces son más baratos que la versión fresca.

Por este motivo, es habitual que compremos alimentos congelados como carne, merluza, bacalao, guisantes, judías verdes... Alimentos que son sanos y saludables, especialmente cuando han pasado por un proceso de congelación industrial. Gracias a la ultracongelación, los alimentos se congelan en cuestión de minutos, impidiendo la proliferación de bacterias y evitando la pérdida de nutrientes.

Además, las industrias alimentarias están sujetas a unas reglamentaciones específicas con el fin de garantizar el mantenimiento de la cadena del frío y la prohibición de recongelar los alimentos. Con el añadido de que siempre se usa materia prima fresca y de calidad, por lo que la composición nutricional es máxima. Una congelación rápida y a muy baja temperatura permite mantener los nutrientes esenciales casi intactos.

El problema es que la gran mayoría de los congeladores domésticos no llevan a cabo procesos de ultracongelación ni tienen temperaturas tan bajas, por lo que la congelación casera no es tan buena como la de las fábricas. Cuando congelamos alimentos en casa el proceso es mucho más lento y la temperatura más alta. Con lo cual, es preferible comprar ya un producto congelado que comprarlo fresco y congelarlo en casa, donde seguramente perderá más valor nutricional. Un alimento fresco solamente será más nutritivo que uno ultracongelado siempre y cuando se consuman uno o dos días después de la compra.

Pero además, el hecho de que los congelemos no los hace eternos, por lo que si tenemos un alimento demasiado tiempo en el congelador terminará estropeándose. Y cuando lo descongelemos, es importante seguir las instrucciones de descongelación del fabricante para no estropear el producto.

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